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La gran estafa McFarland (Parte II)

  • Foto del escritor: janire fdez
    janire fdez
  • 24 nov 2020
  • 2 Min. de lectura

Algo malo debía pasar cuando en el Instagram del Fyre Festival seguían apareciendo fotos de supermodelos a pocos días antes del inicio de la fiesta, y ningún indició de como se estaban desarrollando las obras en el recinto. Ni un escenario a medio construir, ni un puesto de comida, nada.

McFarland se vio incapaz de detener su proyecto y veía como su idea de montar un festival inolvidable se iba complicando, hasta que resultó imposible.

El equipo de Bill no encontró casas privadas ni glampings para aquellas personas que habían contratado el paquete “lujoso”, solo pudieron ofrecerles tiendas de campaña, las cuales reciclaron de los campamentos de socorro del huracán Matthew. El catering consistía en un bocata de queso fundido con un poco de ensalada a un lado. Nada de lo que prometieron realmente existió.


En la gran llegada de los asistentes al festival, decidieron cambiar la estrategia. Los llevaron a las nueve de la mañana a un bar de la isla, donde se mantuvieron hasta las dos de la tarde bebiendo y sin tener respuestas de a donde tenían que ir. Posteriormente montaron a los asistentes en un barco para dar una vuelta alrededor de las playas paradisiacas, hasta que llegó el momento de llevarles al recinto. Una vez allí se enfrentaron con la cruda realidad, una visión totalmente diferente a la que les habían vendido.


Tras varias horas, largas colas de espera y sin equipaje a la vista, el organizador del evento, Bill McFarland se subió a una mesa para contar toda la verdad del evento.

Esa misma noche, hubo saqueos, robos y destruyeron el recinto entero. Pero lo peor no fue enfrentarse a la realidad y a las consecuencias, si no que los allí presentes querían regresar a sus casas y no había manera alguna de salir de la isla. No había vuelos de vuelta. A la mañana siguiente fueron al aeropuerto, y tras doce largas horas de espera consiguieron algunas personas montarse en un avión para salir de la pesadilla. El personal del evento y el propio McFarland, escaparon como pudieron de la isla, dejando atrás la ira de los asistentes y trabajadores.

Pocos días después de la desgracia, McFarlanda afrontó una demanda colectiva de 100 millones de dólares, aunque salió a la calle tras pagar una fianza millonaria. Una vez fuera, no dejó de lado el fraude y volvió a la estafa vendiendo entradas VIP falsas en eventos muy demandados. En octubre de 2017, el empresario fue sentenciado a seis años de cárcel por fraude, engaño y por el desastre de Fyre.



 
 
 

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